Costumbres y tradiciones andaluzas en torno a la muerte

Cementerio andaluz, foto de El Mundo

La vivencia de la muerte en Andalucía está muy influenciada por el cristianismo, pero también por   la cultura popular y por su historia. Debida a  una clara influencia musulmana, Andalucía tributa un culto especial a los difuntos y sus ritos funerarios adquieren una preeminencia destacada. Todos los actos, monumentos y recuerdos que se  organizan en torno al difunto, adquieren una majestuosidad dramática, una megalopatía dramatizante.

Mujeres coptas lloran en un entierro , foto de El Mundo

En Andalucía son varias  las costumbres mas populares en torno al culto y la veneración a los difuntos: la visita a los cementerios el día de los difuntos,  el velorio o velatorio,  el luto y el culto a la Virgen del Carmen y las Ánimas Benditas del Purgatorio.

En Andalucía el difunto está siempre presente en el mundo de los vivos, tanto que algunos antropólogos hablan de la “esclavitud hacia el difunto”. Las casa solían estar presididas por los retratos de los que se habían ido, el duelo y  los lutos duraban años distinguiéndose entre luto con velo, medio luto o alivio de luto y era frecuente que, a partir de cierta edad, las señoras no se volvieran a vestir de color. También vestían de luto los niños.

La familia que era tocada por la muerte entraba en una especie de marginalidad social que podía durar años- el duelo y el luto – y de la que se saldrá a través de ritos de agregación que en este caso son las misas del año y las de aniversario que tendrán su correlato en el alivio del luto y en la incorporación paulatina de la familia a la vida social.

Era frecuente el culto a N Sra. del Carmen, patrona e las Ánimas Benditas del purgatorio, a la que se rendía culto itinerante  en pequeñas capillas que se depositaban durante algún tiempo en las casa particulares.

En algunas iglesias existían las Capillas de Ánimas en las que se recogían donativos para los pobres de solemnidad.

Lienzo de la Virgen del Carmen Iglesia Parroquial de Castril de Baza

Una costumbre ya extinguida por la muerte en hospitales y la existencia de los tanatorios es el velatorio. Al difunto se le solía velar durante 24 horas. Se disponía sobre su cama vestido de negro o con el habito de alguna orden religiosa o cofradía, de blanco si eran niños, rodeados de velas, estampas y escapularios. La casa se llenaba de familiares y amigos siendo frecuente la separación de hombres y mujeres y el aislamiento de la familia solo rodeada de los más íntimos. Durante el velatorio era costumbre tomar un tentempié consistente en algún dulce y una copa de anís.

Las ceremonias de enterramiento con duelos prolongados y llorosos recuerdan épocas medievales en que plañideras y acompañantes desgranaban ante los presentes la memoria del difunto. Con frecuencia los conocidos y amigos llevaban comidas y bebidas a, los familiares como señal de solidaridad en el dolor.

Isabel Pantoja en el entierro de Paquirri

Otra costumbre es la visita frecuente a los cementerios y las misas. Si comparamos nuestros actuales cementerios con los de muchas ciudades de la Europa central y Nórdica, observaremos que mientras ellos se presentan abiertos, sin murallas ni puertas, con grandes jardines, junto a la iglesia y como lugar de paseo; Los nuestros, en cambio, son recintos amurallados y cerrados, con grandes verjas, y calles con nichos para aprisionar el dolor y encerrar la ausencia.

Cementerio de Hietamin en Finlandia

Los cementerios andaluces, a diferencia de los anglosajones, son lugares recogidos, encerrados entre tapias altas para esconder el dolor de miradas ajenas. Esta práctica procede de la vivencia de la muerte en el mundo musulmán muy pudoroso con sus sentimientos.

Es frecuente la visita en distintas épocas del año: aniversario, onomástica, y sobre todo el Día de los Difuntos en el que se limpia, adecenta la tumba y adorna con flores que se venden en las cercanías del cementerio.

Cementerio de Sevilla , imagen de ABC

Otra tradición de la noche de difuntos ,  hoy desaparecida,  es la de contar cuentos de miedo a los niños como el de “Mariquita jura,jura”, los Tres pelos del Diablo o “Zurrón canta o te doy con la palanca”. .Después de la cena, los niños se quedaban despiertos hasta muy tarde. Se sentaban en sillitas bajas de asientos de enea en torno a la abuela o una tia abuela que contaba cuentos de la tradición oral en los que el protagonista era una aparecido, el diablo o un personaje malvado. Todos solían terminar con un susto o sobresalto, algo inesperado que hacía gritar a los pequeños.

 

Texto de El Almirez. Fotos de internet, la marca de agua indica la página.

 

 

 

 

 

 

 

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